Extremadura es una de esas
maravillosas regiones españolas donde es posible respirar un aire especial por
donde se pasee. No es para menos, pues más de 500 años de estancia musulmana han
dejado profunda huella en el relieve, las costumbres y la arquitectura de las comarcas de Extremadura. El ajetreo que
históricamente se ha vivido por esta zona, desde épocas preromanas a esta
parte, ha terminado de configurar una identidad heterogénea y rica.
Se trata sin duda de una
estupenda región para adentrarse en la exploración de bellísimos e imponentes
castillos y recintos militares que datan muchos de ellos del siglo XII. Incluso
es posible percibir en ciertas edificaciones, como en los anillos de los troncos
de los árboles, el devenir histórico y las idas y vueltas entre tomas
Cristianas y Musulmanas.
Por destacar algunos de los edificios
de caracter morisco se puede citar la Alcazaba de Badajoz, los restos
de la fortaleza de Alange, la Alcazaba de Mérida, el Aljibe de
Cáceres, el castillo de Trujillo y en Galisteo las murallas de la
época Almohade construidas con piedras de río.
Los vaivenes de la historia
supieron otorgarle a toda Extremadura su identidad guerrera, con sus duros
paisajes serranos, austeros y solemnes. Al ser el borde de la resistencia y
contención contra el moro (de aquí el nombre), las villas suelen estar
dominados por fabulosas edificaciones amuralladas, como por ejemplo en Puebla de Alcocer,
donde podremos observar absortos sin duda el más imponente castillo de
edificación mudejar de toda Extremadura.
Lejos están hoy las cosas de ser como ayer. Los laboriosos y pintorescos
habitantes de los poblados esperan con los brazos abiertos a quienes elijan
desandar los caminos de las sierras, los valles y las planicies.
A la localidad de Zafra, Sevilla la
chica, como se la conoce, se allegan miles de personas anualmente a disfrutar
de las construcciones barrocas y mudéjares. A escasos 10 kilómetros nos toparemos asombrados con las fortificaciones templarias en Jeréz de los Caballeros, en cuya plaza aquella orden religioso militar encontró un
sangriento final. Siguiendo los recorridos de esta ruta nos encontraremos con Fregenal de la Sierra y su fortaleza templaria del siglo
XIII y la Iglesia protogótica de Santa María.
Absoluta paz se respira en estas
tierras, pues las ciudades, aunque alegres y dicharacheras desconocen el
vértigo de las grandes urbes. Los principales centros poblacionales son Badajoz, Cáceres y Mérida, pero ninguna supera los 150.000 habitantes.
Extremadura cuenta con tres
lugares que han sido galardonados por la UNESCO
como Patrimonio
Cultural de la Humanidad: la Ciudad Vueja de Cáceres (en
1986); los restos arqueológicos de Mérida (en 1993) y el señorial
Monasterio Real de Nuestra. Señora de Guadalupe, en la localidad de Guadalupe
(también en 1993). Y en camino de serlo
existen tres más: la ciudad amurallada de
Plasencia, la ciudad de Tujillo y
los Puentes de Alcántara.
Más allá de sus villorios y
ciudades, la región de Extremadura nos ofrece una profusión
sin par de relieves y ámbitos naturales,
si bien los pastizales y el perfil amesetado dominan buena parte de la
provincia sin esforzarse ni un poco un visitante ávido de verde y frescura se
topará con la región de los embalses. En Orellana la vieja, a orillas del embalse
de Orellana tenemos una ideal zona para
desempeñarnos en deportes náuticos así como en el pequeño pueblo de La Barca, en las
cercanías del embase García Sola, podremos
arrendar pequeñas embarcaciones y recorrer
los lugares más recónditos del embalse. Los eniestos bosques que adornan la ruta de los embalses son los últimos reductos de animales protegidos como ciervos y lobos. Aún
así existen numerosos cotos de caza
controlados perfectamente por el Estado Provincial donde los amantes de este deporte noble pueden realizarse a
sus anchas.
Así se suceden los paisajes: las
tierras de los dólmenes al norte de Badajoz donde se dejan ver estas misteriosas
formaciones pétreas de origen neolítico y calcolítico, utilizados como monumentos a los difuntos. La zona de los valles en las inmediaciones de Plasencia
encadilarán sin duda al pasajero que se
entregue a sus maravillas. El patrimonio artístico y cultural que se entrelaza
con el entorno natural de un vergel, con frondosas arboledas y riachos de aguas
claras y frescas, son el orgullo de propios y extraños. Esta ruta no se termina
hasta no renovar fuerzas pasando aunque sea un día por los Baños de Montemayor,
que recibe el nombre por la estación termal
de origen romano, hoy a la vanguardia de
tratamientos de aguas salutíferas.
No hay pueblo español,
chico o grande, que no encierre una enseñanza, decía Azorín. Quién sabe quizá
se haya inspirado en esta zona de la península, repleta de pequeños poblados
que viven para la tierra y mostrar al mundo sus productos. Y qué mejor
demostración de la pasión y la calidez de un pueblo que su gastronomía, pues,
vamos que las vacaciones no son tal cosa sin entregarse a los sabores locales. La
Tierra de Barros es una de las zonas más destacadas por sus caldos,quesos
de cabra, de oveja y quesaíllas y Tortas del Casar. Entre la
enorme variedad y calidad de dulces, las Perrunillas, el Piñoñate o
las Yemas de San Pablo son un obligatorio para todo el que pasa por
aquí. Y si las setas hacen vuestras delicias, habéis llegado al paraíso
en la Tierra pues las más de mil variedades que se encuentran por estos
terrruños son únicas en el mundo.
El capítulo culinario no
puede ser cerrado sin hacer mención del jamón ibérico. En la provincia
de Badajoz se encuentra la más importante y mejor dehesa existente
en el mundo.
El cochino es para los
extremeños el animal más venerado y con el que tienen la relación más profunda,
así ha sido a lo largo de la historia. Los cerdos son procedentes del África
mediterránea, pero es probable que el cerdo ibérico sea en la actualidad la
única raza pura que quede de esa migración. El jamón más afamado y exclusivo es
sin dudas el jamón de bellota (o "pata negra" debido al color que
toma la carne al ser alimentado el animal con aquellos frutos secos). La Denominación
de Origen "Dehesa de Extremadura", se ha convertido con el tiempo
y la dedicación de sus productores en la garantía de la seriedad de jamones
españoles que hoy compiten en el mundo en franca ventaja de calidad, ni
hablar ya del reconocido valor dietético que recientes e importantes
trabajos de investigación otorgan al jamón ibérico.
Aunque
no solo de jamón se vive por estas sendas. El cordero extremeño es sin
duda un competidor excelente con su carne rosada de textura excelente, gran
terneza, poca grasa y aromáticaresulta deliciosa tanto asada como adobada,
frita, cocida o guisada. Y por fin, no sería justo dejar pasar la producción
regional de aceitunas y aceite de oliva, segunda en toda España.