Aunque pequeña, la provincia de Guipuzcoa tiene la mar de cosas para
hacer, ver, recorrer y disfrutar. Entonces dividamos en tres grandes categorías
los atractivos que podemos encontrar: la costa, el verde, y la hermosísima ciudad de San
Sebastián-Donostia.
Si bien no estamos ante una zona que destaque por el
turismo de sol y playa, sí cuenta con por lo menos 17 playas cómodas y bellas,
mayormente urbanas, para colmar las expectativas del más pintado. Entre las mejores podemos contar a la playa de Zarautz, la
más extensa, y la playa de la Concha, en San Sebastián, la más señorial, y reconocida como una
importante playa urbana con toda clase de comodidades y servicios.
Los
86 km de costa provincial alternan tramos de playas de arena con poblaciones costeras
y montes escarpados. Todas las poblaciones costeras de la provincia de Guipuzcoa son hermosas, y merece la
pena recorrerlas.
La variedad paisajística es amplísima, tal es así que es
habitual pasar de zonas de vergel natural a densas áreas industrializadas en un
instante, como en el puerto de Pasaia.
En esta parte del recorrido guipuzcoano no debes dejar
pasar el deleite de la gastronomía regional: los deliciosos frutos del Cantábrico, así como
darse el gusto de catar la sidra vasca, cuyo epicentro es Astigarraga, y el
txakoli de Getaria, su vino blanco con denominación de origen.
Los valles del interior, rodeados por formaciones
montañosas, han sabido mantener su forma de vida y las fuertes tradiciones
vascas. Existen salpicaduras de caseríos por toda la extensión del paisaje que
alterna entre verdes pastizales y tupidos bosques.
Dos parques naturales adornan la región. El Parque Natural de
Aralar es una tierra mítica donde hoy se conserva un ecosistema único en su
tipo. Además de una profusa flora y fauna protegida, lo habitan buena cantidad
de souvenires históricos del desarrollo del hombre en la región, como monumentos
funerarios que resisten desde el neolítico y ruinas de edificaciones
antiquísimas.
El Parque Natural de Aiako Harria,
por su parte, está situado sobre los Pirineos, en el extremo oriental de la
provincia de Guipuzkoa. Con su vegetación propiamente atlántica, el relieve del Parque
desanda su topografía de riscos montañosos y
barrancos hasta la costa, donde el océano se la devora sin más. La región cuenta con hayaedos y
robledales protegidos en los que habitan más de 170 especies, algunas de las
cuales están en peligro de extinción. Oiartzun es el municipio de mayor
integración con el parque, por ende el más agreste.
La Guipuzcoa verde alterna también
zonas de fuerte actividad humana; en las inmediaciones de Legazpi encontramos
que una visita a la ferrería de Mirandaola o el Museo del Hierro Vasco puede ser
muy interesante. Tampoco puedes pasar por alto la Ruta de la Sal en Leintz
Gatzaga. Y si de rutas hablamos no hay más
imprescindible recorrido que la Ruta de los Tres Templos.
La ciudad de Donostia-San Sebastián
es un hito impostergable en la región. Fue concebida como una ciudad sin
murallas, de brazos abiertos y cosmopolita como una gran capital, a pesar de no
ser de grandes proporciones. San Sebastián es considerada -y con justa razón-
como una de las más bellas ciudades del mundo por su delicada combinación de
centro urbano de refinada arquitectura, playas doradas de azul agua y pequeños
montes que la flanquean y configuran su perfil.
El mar Cantábrico que baña la Bahía
de la Concha se puede considerar un habitante más de la ciudad, por la estrecha
relación que tiene todo donostiarra con su mar.
San Sebastián supo de épocas doradas
cuando, durante la Belle Epoque, era el destino obligado de la aristocracia
europea. Lejos de ser un fantasma, el pasado dejó maravillosas huellas como El Gran Casino (actual ayuntamiento), el Palacio de Miramar o los puentes sobre el
Río Urumea. La Parte Vieja es de arquitectura anterior y cuenta un gran número
de bares y restaurantes.
Aquí es donde una fiesta gastronómica
tiene lugar cada semana y la pasión por la gastronomía se hace presente en este
distrito. Es obligado para todo donostiarra el disfrute a la hora del comer,
desde cocina de autor de grandes chefs hasta la cocina miniatura de los pintxos.
La vida cultural tampoco es ajena a
San Sebastián, esta ciudad faro. Muestra de esto son Jazzaldia,
la Quincena Musical y el Festival Internacional de Cine. Este último es el más importante y renombrado de toda
España, y uno de los más concurridos del mundo. Todos los años la cita cinéfila se realiza los últimos días del mes de
septiembre, cuando miles de turistas coinciden en la ciudad e inmediaciones. La
capacidad hotelera de Donostia se colma cada año.
La tertulia festivalera tiene larga data, pues arrancó lejos
en el recuerdo, hace más de 50 años, cuando empezó su andar especializándose en
películas a color. Para mediados de la década del 80, San Sebastián comenzó a
ser competitivo (y dejó de ser sólo una muestra de cine). Hoy es hito obligado para
todo derrotero europeo cinéfilo. El Festival de Cine de San Sebastián también es reconocido por tener amplia
participación de cine latinoamericano; siempre da por resultado entonces una
variopinta oferta de películas de muy buen nivel general.
Muchas de las actividades culturales se desarrollan en el Palacio
de Kursaal, que habitualmente ofrece formas contemporáneas en las esculturas de
Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, ambos donostiarras ilustres que se asoman al
mar.
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